Los ayuntamientos y la emergencia

La nueva municipalidad da de que hablar desde antes de posesionarse y parece que hará historia, pues si cosa de un día o fin de semana ¿qué será en 4 años?

Las cancelaciones se harán sin ruido, pero se harán, pues de no hacerlas, el alboroto echaría a tierra el ayuntamiento. Los compañeritos no tienen por qué aguantarse las ganas.

Entre los lloros del que se va y la alegría del que llega, el alcalde tiene que decidirse por el segundo. Vale la escalera, pero también los escalones, aunque el aspecto más interesante es el administrativo, y si el Gobierno nacional enfrenta una situación extraordinaria con el coronavirus, también la autoridad local.

El Gobierno necesita estado de excepción para manejar la crisis, el ayuntamiento estado de emergencia para iguales fines.

Aunque con sus diferencias. Las cámaras conceden 17 días, y 17 días más, interpretando la Constitución a lo Sinatra, a su manera.

La sala capitular no es mezquina ni se pasa de generosa y otorga un plazo de 60 días, mayo y junio, cuando las elecciones de julio están al doblar la esquina.

Al final lo mismo: mover recursos sin tanta burocracia.

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